adriel
Jalisco, Mexico
Pensé que iba a sentir culpa, tristeza o el peso de haber lastimado a alguien. Creí que en algún momento todo eso iba a llegar de golpe y hacerme reaccionar de verdad. Pero no llegó nada. No siento rabia, no siento alivio, no siento dolor. No hay lágrimas, no hay reacción, no hay nada que encaje con lo que debería estar pasando dentro de mí. Solo un vacío quieto, como si todo se hubiera apagado hace tiempo. Y lo más raro es que lo entiendo. Entiendo lo que hice, entiendo lo que significa… pero no lo siento. Es como si la parte de mí que debía dolerse simplemente ya no estuviera disponible. He vivido así tanto tiempo que ya no sé si esto es una etapa o si así es como soy ahora. No por elección, no por fuerza… simplemente porque con los años aprendí a quedarme así, sin sentir demasiado. Y lo peor es que ya no me sorprende. Solo me acompaña.
Pensé que iba a sentir culpa, tristeza o el peso de haber lastimado a alguien. Creí que en algún momento todo eso iba a llegar de golpe y hacerme reaccionar de verdad. Pero no llegó nada. No siento rabia, no siento alivio, no siento dolor. No hay lágrimas, no hay reacción, no hay nada que encaje con lo que debería estar pasando dentro de mí. Solo un vacío quieto, como si todo se hubiera apagado hace tiempo. Y lo más raro es que lo entiendo. Entiendo lo que hice, entiendo lo que significa… pero no lo siento. Es como si la parte de mí que debía dolerse simplemente ya no estuviera disponible. He vivido así tanto tiempo que ya no sé si esto es una etapa o si así es como soy ahora. No por elección, no por fuerza… simplemente porque con los años aprendí a quedarme así, sin sentir demasiado. Y lo peor es que ya no me sorprende. Solo me acompaña.
Favorite Guide
Created by - adriel
0 ratings
Review Showcase
617 Hours played
La parte más triste no es ver cómo todo termina. Es ver cuánto tiempo tardan en darse cuenta de que ya terminó. Recomendado.
No creo que esto trate sobre la redención
Compré este juego porque mucha gente me dijo que era una obra maestra.

Odio cuando la gente dice que algo es una obra maestra.

Normalmente significa que voy a pasar las próximas veinte horas intentando descubrir si realmente me gusta o si solo me gusta la idea de que me guste.

Al principio pensé que era un juego sobre vaqueros.

Después pensé que era un juego sobre el fin del Viejo Oeste.

Después pensé que era un juego sobre el capitalismo.

Y al final creo que es un juego sobre personas que siguen tomando malas decisiones porque no saben quiénes serían sin ellas.

Lo cual es una conclusión extraña para un juego donde puedes atropellar gente con un caballo.

Arthur Morgan me recordó a muchas personas que he conocido.

Y eso no es necesariamente un cumplido.

Es leal hasta el punto de hacerse daño a sí mismo.

Pasa años justificando cosas que probablemente sabe que están mal.

Y parece convencido de que el sufrimiento es simplemente una parte inevitable de su vida.

Hay una escena cerca del final donde me di cuenta de algo que debería haber entendido mucho antes.

Arthur no está intentando convertirse en una buena persona.

Está intentando descubrir si todavía puede hacerlo.

Y creo que hay una diferencia importante entre esas dos cosas.

Porque una implica confianza.

La otra implica miedo.

Mucho miedo.

No sé.

Quizá por eso me gustó tanto.

Siempre he desconfiado de las historias sobre redención.

Hay algo casi arrogante en la idea de que puedes hacer suficiente bien para compensar todo el daño que causaste.

La vida no funciona así.

No existe una balanza cósmica donde ayudas a tres personas y automáticamente queda cancelado todo lo demás.

Pero aun así seguimos intentándolo.

Seguimos intentando ser mejores.

Seguimos intentando arreglar cosas.

Seguimos intentando convencernos de que el pasado no tiene por qué decidir el futuro.

Y supongo que Arthur también.

Lo que más me sorprendió del juego fueron los momentos donde no ocurre nada.

Las caminatas.

Las conversaciones absurdas en el campamento.

La gente contando historias que no van a ninguna parte.

Las discusiones pequeñas.

Las bromas malas.

Porque ahí fue cuando los personajes empezaron a sentirse reales.

No cuando estaban disparando.

No cuando estaban muriendo.

Cuando simplemente estaban existiendo.

Hay algo triste en ver a un grupo de personas compartir momentos normales cuando tú ya sabes que las cosas van a salir mal.

Es como mirar fotografías viejas.

Las personas sonríen.

Parecen felices.

Y tú sabes algo que ellas todavía no saben.

Que ese momento no va a durar.

Creo que esa sensación define todo el juego.

La sensación de que algo está terminando.

No solo una época.

No solo una banda.

Una forma de entender el mundo.

Y lo peor es que los personajes siguen intentando aferrarse a ella incluso cuando ya se está desmoronando frente a sus ojos.

Supongo que yo también he hecho eso.

Supongo que todos lo hemos hecho.

Mantener una relación demasiado tiempo.

Seguir en un trabajo que nos hace miserables.

Aferrarnos a una versión de nosotros mismos porque admitir que ya no funciona resulta aterrador.

Es extraño.

Cuando terminé el juego no pensé en los disparos.

No pensé en las misiones.

Ni siquiera pensé en el final.

Pensé en todas las veces que Arthur tuvo la oportunidad de ser una persona diferente.

Y en todas las veces que no la tomó.

Y en las pocas veces que sí.

Porque al final eso es una vida, ¿no?

No una gran narrativa.

No una lección.

Solo una serie de decisiones.

Algunas buenas.

Muchas malas.

Y la esperanza de que las últimas digan algo mejor de nosotros que las primeras.

Aunque quizá esa sea otra mentira que nos contamos.

Una mentira bonita.

Pero una mentira al fin y al cabo.

Porque hay una parte de mí que quiere creer que las personas cambian.

Que aprenden.

Que encuentran una forma de convertirse en alguien mejor.

Y luego miro mi propia vida y no estoy tan segura.

A veces parece que seguimos cometiendo los mismos errores con nombres diferentes.

Las mismas inseguridades.

Los mismos miedos.

Las mismas excusas.

Solo que con más años encima.

Quizá por eso Arthur me resulta tan triste.

No porque sea una mala persona.

Ni porque sea una buena.

Sino porque parece alguien que pasó demasiado tiempo convencido de que todavía quedaba tiempo.

Tiempo para arreglar las cosas.

Tiempo para entenderse a sí mismo.

Tiempo para convertirse en la persona que quería ser.

Y supongo que eso también da miedo.

Porque nadie sabe realmente cuánto tiempo tiene.

No para vivir.

Para cambiar.

Para decir lo que debería haber dicho.

Para hacer lo que debería haber hecho.

Para convertirse en alguien distinto.

Tal vez por eso sigo pensando en este juego.

No por los disparos.

No por los caballos.

Ni siquiera por Arthur.

Sigo pensando en él porque me recordó algo que normalmente intento ignorar.

Que nuestras vidas no están hechas de grandes momentos.

Están hechas de decisiones pequeñas.

Y que, al final, la persona que somos probablemente sea la suma de todas ellas.

Lo cual es una idea bastante aterradora.

Pero también, supongo, un poco esperanzadora.

Porque si una persona puede convertirse lentamente en alguien que no quería ser, entonces quizá también pueda ocurrir lo contrario.

Quizá no de forma dramática.

Quizá no en una escena acompañada por música triste mientras el sol se pone en el horizonte.

Probablemente de la forma en que ocurren la mayoría de las cosas importantes.

Poco a poco.

Tan poco a poco que ni siquiera lo notas.

Hay algo que siempre me ha molestado de las historias sobre héroes.

La idea de que una sola decisión puede definir quién eres.

Que existe un momento exacto en el que te conviertes en una buena persona o en una mala persona.

La vida real nunca me ha parecido tan simple.

La mayoría de las personas son una contradicción constante.

Capaces de una enorme bondad y de una enorme crueldad.

A veces en el mismo día.

A veces en la misma conversación.

Quizá por eso nunca pude ver a Arthur como un símbolo.

Es demasiado humano para eso.

Demasiado confundido.

Demasiado imperfecto.

Demasiado consciente de sus errores para fingir que no existen y demasiado incapaz de olvidarlos para seguir adelante fácilmente.

Y creo que esa es la razón por la que su historia permanece conmigo.

No porque me enseñara algo nuevo.

Sino porque me recordó algo que ya sabía.

Que las personas rara vez obtenemos finales perfectos.

La mayoría de nosotros simplemente seguimos adelante.

Con nuestras culpas.

Con nuestros arrepentimientos.

Con las cosas que hicimos bien y las que hicimos mal.

Intentando que las próximas decisiones sean un poco mejores que las anteriores.

Intentando ser un poco mejores que ayer.

Y esperando que, de alguna forma, eso sea suficiente.

Aunque quizá eso sea lo que más me cuesta aceptar.

La idea de que "suficiente" pueda ser suficiente.

Siempre parece que debería existir algo más.

Una respuesta más clara.

Una lección más grande.

Una versión más elegante de la historia.

Pero mientras más envejezco, más sospecho que la mayoría de las vidas no funcionan así.

No obtenemos un discurso final que explique quiénes fuimos.

No obtenemos una narración que conecte todos los puntos.

Simplemente seguimos viviendo.

Y después dejamos de hacerlo.

...

No tenemos que ser perfectos.

Solo tenemos que vivir con las personas en las que nos convertimos.
Recent Activity
617 hrs on record
last played on 4 Jul
12.9 hrs on record
last played on 3 Jul
0.4 hrs on record
last played on 30 Jun