Install Steam
sign in
|
language
简体中文 (Simplified Chinese)
繁體中文 (Traditional Chinese)
日本語 (Japanese)
한국어 (Korean)
ไทย (Thai)
Български (Bulgarian)
Čeština (Czech)
Dansk (Danish)
Deutsch (German)
Español - España (Spanish - Spain)
Español - Latinoamérica (Spanish - Latin America)
Ελληνικά (Greek)
Français (French)
Italiano (Italian)
Bahasa Indonesia (Indonesian)
Magyar (Hungarian)
Nederlands (Dutch)
Norsk (Norwegian)
Polski (Polish)
Português (Portuguese - Portugal)
Português - Brasil (Portuguese - Brazil)
Română (Romanian)
Русский (Russian)
Suomi (Finnish)
Svenska (Swedish)
Türkçe (Turkish)
Tiếng Việt (Vietnamese)
Українська (Ukrainian)
Report a translation problem

Argentina
Arrancamos jugando tranqui, yo medio perdido y vos explicándome con calma cómo moverme, cuándo apretar y cuándo esperar.
En un momento viniste por atrás, apoyaste tu mano sobre la mía en el mouse y me dijiste ‘así no… dejame’.
Tomaste el control, ajustaste mi posición, me marcaste el ritmo y cada consejo tuyo me hacía sentir más… concentrado.
Entre risas nerviosas y partidas que se alargaban más de la cuenta.
Esa noche me hiciste sentir una verdadera chica gamer.
Mi primera partida seria siempre será con vos.